Cata del vino sin ser un experto

 La cata del vino sin ser un experto ,tendemos a pensar en la complejidad   de la cata a profesional de vinos.  Sin embargo, no nos darnos cuenta que continuamente probamos productos desconocidos que nos empujan a degustaciones inconscientes, traducidas en clave de “Me gusta”, “No me gusta”.

Bien, comencemos Agudizando los sentidos…y disfrutemos

Vista:

Descorchada la botella, lo primero que requerirá nuestra atención es el corcho. Si está ligeramente humedecido indicará que se ha guardado en posición inclinada, lo que permite que el aire no se filtre y que el vino no se deteriore.

Verteremos el caldo en la copa, cogiéndola siempre por la base o el tallo para no calentarla,  y la inclinaremos sobre un fondo blanco (una servilleta, una hoja de papel, un mantel…) para destacar sus matices. Nos fijaremos en su limpidez que determinará la transparencia de un vino, para utilizar adjetivos como brillante, opaco, mate, sucio, nebuloso… Pero atención: Aunque normalmente un vino limpio y transparente es señal de buen estado, en ocasiones podremos encontrarnos con vinos turbios y con residuos sólidos como consecuencia de un largo envejecimiento. Estas características pueden ser signos de calidad (por ejemplo, en los vinos de oporto).

La edad del caldo nos la dirá el color del centro de la copa inclinada y el de los ribetes (parte superior del caldo). Los vinos tintos jóvenes suelen mostrar tonos violáceos, mientras los crianza o reserva evolucionan hacia un color teja, fruto de la oxidación del vino en la barrica. Los blancos jóvenes presentan un color central amarillo pálido, avanzando hacia un amarillo dorado a mayor edad. Los ribetes en los blancos jóvenes son más verdosos. Los rosados oscilan de un color central rosado en el caso de los jóvenes, hacia tonos más salmón en los de mayor antigüedad.

Olfato:

En un primer acercamiento, a través de la nariz y sin necesidad de agitar la copa, podremos sentir los aromas primarios del vino (aquellos propios de la uva). A continuación,  la moveremos para que el caldo desprenda mejor los aromas y entre en contacto con el oxígeno.  Notaremos si hay más aromas de frutas (los emula la uva al fermentar), u de olores que vienen de la barrica (por ejemplo tipo vainilla, cuero…)

Gusto:

El momento en que entran en juego las sensaciones que el vino ofrece en la boca. Para ello, tomaremos un pequeño sorbo que pondrá a trabajar a las papilas gustativas. Trataremos de captar los cuatro sabores básicos, no se aprecian a la vez porque las papilas específicas de cada gusto están en zonas diferentes de la lengua.

  • El sabor dulce, el primero siempre en percibirse, pero que será rápidamente enmascarado por el resto). Depende del tipo de uva y de la región.
  • El sabor salado, se nota de forma rápida y pasajera por la acción de la saliva.
  • El sabor amargo (sequedad). Viene fundamentalmente de los taninos, sustancias presentes en el hollejo, las pepitas y el raspón de las uvas.
  • El sabor ácido, traducido en frescura, afrutado, intensidad…

Igualmente, mediante el tacto bucal determinaremos la textura del vino. En líneas generales, hablaremos de suavidad/ untuosidad (aspectos positivos) o rugosidad/astringencia (aspectos negativos).

Ahora que ya conoces un poco más sobre cómo descubrir las intimidades del vino.

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